sábado, 30 de marzo de 2013

Els 4 Gats de Barcelona (1897-1903)

Texto: Alex Guerra Música: Si tu vois ma mère (Sidney Bechet)
Pere Romeu en Els 4 Gats
Póster de Ramón Casas
La historia de Els 4 Gats comienza a finales del siglo XIX, cuando Pere Romeu trabajaba como animador y camarero en un cabaret francés llamado Le Chat Noir. A su regreso a Barcelona, seducido por el ambiente bohemio de aquella taberna, decidió crear una similar, un lugar donde se vendiera comida barata y a la vez los comensales pudieran disfrutar de música de piano en vivo. La iniciativa agradó a algunos de sus buenos amigos, quienes le apoyaron económicamente para poder llevar adelante la empresa. Ramón Casas, Santiago Rusiñol y Miquel Utrillo fueron así, sus socios y más fieles clientes, los cuales nunca, en los seis años que duró el local abierto, dejaron de reunirse allí para sus largas tertulias, desde 1897 que dio apertura inaugural el peculiar local. El cuarto capítulo de “La sombra de Gaudí” comienza en una de estas reuniones de amigos en las que “se arreglaba el mundo”, y en la que participan, en el libro, además de los ya mencionados, Joan Maragall y Antoni Gaudí. Al comentar Romeu la idea a los amigos, Rusiñol le dijo que le parecía una idea descabellada puesto que a su restaurante sólo irían “cuatro gatos”. A Romeu le hizo tanta gracia el comentario, que decidió llamarlo Els Quatre Gats, inaugurado el 12 de junio de 1897 en un bellísimo edificio neo-gótico ubicado en la calle Montsió de Barcelona, la Casa Martí, actual número 3, casa proyectada por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch. En el local pueden verse refinados y artísticos detalles, combinados con objetos más bien rústicos típicos de un hostal tradicional. Una extraña mezcla de antiguo palacio medieval y obra de arte de las "artes menores" como forja, cristal emplomado, etc.

En definitiva, muestra del modernismo catalán de primer orden, que deja boquiabierto a cualquiera.
Pere Romeu y Ramón Casas en tándem. Ramón Casas (original en el MNAC)
Cartel de promoción de sombras chinas en Els 4 Gats. Ramón Casas
En aquellos tiempos, finales del siglo XIX y principios del XX, el modernismo estaba experimentando una fantástica expansión en Cataluña, que se mostraba abierta a las corrientes procedentes de Europa, para afirmar sus elementos diferenciales con España y reforzar su nacionalismo, en un momento liderado por la Renaixença, después de un largo período de decadencia originado por la derrota de 1714 y la consecuente pérdida de sus derechos e instituciones nacionales. El movimiento contaba con el apoyo popular, y los artistas que formaban parte del mismo fueron muy bien aceptados por la sociedad en general. Esta actitud colectiva de renovación artística y progreso estaba siendo la base para el impulso de uno de los más brillantes períodos del arte y la arquitectura catalanes. Básicamente orientado a un gran desarrollo de la decoración tanto en las fachadas como en los interiores, el modernismo produjo un enorme desarrollo de las artes decorativas, ayudado por el horror vacui, que impulsaba a decorar absolutamente todas las superficies, con una brillante liberación de las formas, en contraste con la norma anterior, el academicismo, que representaban la realidad de manera objetiva. Pero no todos vivían en esa especie de burbuja, y los problemas que sumían cada vez más a la clase obrera en la miseria estaban calando hondo en la sociedad del momento. La huelga general de febrero de 1902 no había sido otra cosa que una insurrección de los anarquistas, que se habían separado radicalmente de los socialistas, aunque éstos se habían visto obligados a unirse a última hora a la huelga, para no hacer de esquiroles. Ya desde el año anterior, la intransigencia de los patronos y los convincentes medios empleados por la Guardia Civil para controlar a los insurrectos, habían quedado patentes. Pero en febrero, tras una semana de alborotos callejeros, asaltos a mercados, cierre de periódicos, y enfrentamientos entre civiles y la fuerza pública, la huelga general había acabado en total fracaso, y con la muerte de una cincuentena de trabajadores, el despido de unos mil quinientos, y sus líderes en la cárcel o el destierro, como triste saldo. A los pocos días todos los obreros habían vuelto a sus puestos de trabajo sin haber conseguido absolutamente nada.
Dibujo de Ricard Opisso, de tertulia en Els 4 Gats. Izquierda a derecha: Adolf Mas, Isidre Nonell, Vidal i Ventosa, Manolo Hugué, 
Joaquim Mir, Santiago Rusiñol, Ramón Casas, Ricard Canals, Pablo Picasso y Pere Romeu
Pablo Picasso 1899. Menú Els 4 Gats

En la taberna de Montsió, Gaudí y sus amigos discutían los tristes acontecimientos de la Barcelona de principios de siglo, de los que sin embargo, acomodados como eran, ninguno de ellos era víctima. Cada uno de los viejos compañeros iba proponiendo un tema, abandonándose a un dulce ejercicio de sueños y confidencias inconfesables, como si hubieran estado esperando largas jornadas para volver a reunirse. Además de los grandes temas, políticos y sociales, contaban anécdotas, a veces relacionadas con la familia, o con el trabajo, pero muchas veces con sus aventuras amorosas. Las del pintor solían ser más bien infantiles, las del músico ya eran algo más subidas de tono, las que contaba el poeta eran muy divertidas, hacían reír a todos de buena gana, y el arquitecto, normalmente se mantenía en silencio. Era muy discreto con su vida privada, casi inexistente por otra parte. A veces los amigos le desafiaban a intervenir con alguna de sus vivencias, pero él se reía y se hacía el distraído. Los demás, le miraban con ojos enternecidos como quien mira  a un niño, un infante que escucha atentamente las vivencias ajenas sin poder intervenir en las conversaciones, a espera de vivir su propia aventura. Ese era Gaudí, un hombre, al que le afectaban profundamente estos acontecimientos. Pero dejando aparte la convulsa historia del momento, ya que estamos hablando de Els 4 Gats, la cultura estaba también en ebullición, y en este contexto, ya desde sus comienzos Els 4 Gats fue un lugar que llamó la atención y en poco tiempo se convirtió en legendario, visita obligada para todos aquellos artistas que pasaban por Barcelona, pues como decía Rusiñol, lo que era allí esencial era “el alimento del espíritu”. Se organizaban además de las tertulias (normalmente presidas por Pere Romeu), otros espectáculos, conciertos y exposiciones, para los que Ramón Casas pintaba sus famosos carteles al estilo de la época
Interior de Els 4 Gats. Pablo Picasso 1899
Volutas de humo de pipas y habanos danzaban sinuosas a la luz difuminada que atravesaba los vidrios esmerilados y multicolores de la entrada, creando un ambiente impregnado de bohemia que inspiraba distendidas tertulias a los clientes habituales emborrachados de sueños. Alrededor de la mesa contigua a la puerta, se congregaba la peña de siempre, amigos y patrocinadores de Pere Romeu, funcionando como centro de operaciones del movimiento modernista de Barcelona. Pintores, escritores, poetas, arquitectos, profesionales liberales, artistas e intelectuales del momento, se congregaban en aquel singular lugar de los bajos de la Casa Martí, para discutir temas relacionados con el modernismo y el creciente catalanismo, así como la posición de la burguesa Liga Regionalista que representaba al mismo. En 1899, con tan solo 17 años, Pablo Picasso comenzaría a frecuentar el local, realizando allí su primera exposición, en la sala principal. El cartel utilizado para aquel primer menú de la casa, es obra de Picasso. Además del pintor, por el local pasaron en la época músicos como Isaac Albéniz y sus amigos Enric Granados y Lluís Millet, y dibujantes como Opisso, quien dejó un famosísimo dibujo de varios de los contertulios de siempre. Adolf Mas, Isidre Nonell, Vidal i Ventosa, Manolo Hugué, Ricard Canals, Joaquim Mir, Rubén Darío… Todos ellos fueron a Els Quatre Gats. Estuvieron, se sentaron, comieron y bebieron, hablaron y se conocieron unos a otros. Todos esos grandes artistas e intelectuales, dejaron de una u otra manera su impronta. Aquellos primeros años, los más luminosos y expresivos, quedarían retenidos para siempre en el ambiente del lugar, donde hoy en día aún se puede respirar el aroma de la vibrante bohemia de aquel tiempo. Tal era el empuje cultural de Els Quatre Gats, que llegó a editar su propia revista, llamada Pèl & Ploma
Els 4 Gats en 1904
Pero lamentablemente Pere Romeu era un idealista, y no un hombre de negocios práctico. Además de que los precios eran muy reducidos, si alguno de los clientes no tenía dinero para pagar la consumición, no lo tenía en cuenta, de manera que con el correr del tiempo, se fueron acumulando las deudas en Els 4 Gats. Por lo tantos, seis años después de la inauguración, en junio de 1903 la taberna tuvo que cerrar sus puertas para sorpresa de todos los barceloneses. Pere Romeu se dedicó a varias actividades después del cierre, pero con su nulo sentido práctico, nunca dejó de ser pobre hasta su muerte pocos años más tarde, en 1908. Su querido amigo, Santiago Rusiñol, le dedicaría los siguientes versos: “aquell lloc pintoresc, ple de somnis, que espantaven el menestral; aquells quadres de les parets que les noies de la casa no podien anar a veure perquè els agradaven massa; aquella fumera de pipes que emborratxava d’idees els parroquians de la casa; dorm en pau amic, que te’l mereixes. Sol havies fet el bé, i no tinguis pena de marxar! Nosaltres sí que et trobarem a faltar, i en tí trobarem a faltar una època en la que la fantasia feia viure.” Después el local se convirtió en sede del Círculo Artístico de Sant Lluc, hasta 1936 que tuvo que cerrar  debido a la Guerra Civil. 
Els 4 Gats en 1900
Casa Martí en la actualidad. Puig i Cadafalch
No fue sino hasta la década de los ’70, que tres empresarios del ramo de la gastronomía (Pere Moto, Ricard Alsina y Ana Verdaguer), se asociaron para volver a abrir sus puertas, con nuevas propuestas para encajar con los nuevos tiempos, pero manteniendo el ambiente bohemio de los orígenes. En los años ’90 fue restaurada la Casa Martí (como se llama el edificio donde está emplazado el local) gracias al entusiasmo del empresario Josep María Ferré, confiriéndole el aspecto necesario para cumplir con las exigencias actuales de sus ilustres visitantes de todos los ámbitos y partes del mundo. La entrada del edificio ya es fascinante, pero de Els Quatre Gats llaman la atención sus grandes ventanales ojivales con vidrieras policromadas, aunque el interior sea quizá la parte más espectacular. El mobiliario y las lámparas circulares de hierro forjado le dan un aire marcadamente medieval, ambos diseñados por Puig i Cadafalch, y costeadas por el pintor Ramón Casas. Como ya dije, es un local de ambiente único en Barcelona, cargado de historia y cultura, modernismo y bohemia, donde es posible imaginar cómo formó parte de una historia, y sentirse parte de ella. En Els Quatre Gats se respira Ramón Casas nada más entrar. Basta echar un vistazo simplemente a las copias de sus dos magníficos cuadros donde se representa con su amigo Pere Romeu, viajando en coche y en bicicleta.






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